miércoles, 6 de febrero de 2013


Las Manos de la Victoria.


Después de que pasaron los pájaros de metal, caminamos en Bagdad, mi pareja buscaba alimento en la ciudad de los humanos. Hemos vivido durante 4 años juntos, al segundo año ella estaba preñada y dio a luz a dos cachorros, los llamamos Ezequiel y Oseas. Los humanos pasaban frente a nuestro hogar, se emocionaban cuando nos veían tomar el sol o cuando Ezequiel tiraba de la cola a Oseas. Pasó el tiempo y los humanos dejaron de pasar, y llego el día en que los pájaros de metal crearon caos y destrucción en la ciudad. Mi padre sabía el nombre de la ciudad: “Bagdad”, me explicó su significado, “bag” significa Dios y “dad” significa donado, y se traduce como “donado por Dios”. Ese día los humanos no nos alimentaron, pasaron varios días, hasta que decidimos salir de nuestro hogar, caminamos donde había humo negro, pensábamos que en ese lugar habría humanos o alimento. Decidí con mi pareja que nos separaríamos, ella buscaría alimento y yo con Ezequiel y Oseas buscaríamos agua, caminé con mis hijos, hasta llegar a una piedra, debajo de ésta había agua, mis hijos corrieron para beberla, yo contemplaba la piedra, tenía una figura parecida a mi, solamente que tenía alas. Me dirigí a mis hijos, cuando una vibración en el suelo, me llamó la atención, un objeto de la forma de un elefante se acercaba rápidamente, dos humanos salieron de su cabeza, yo esperaba que ellos nos podrían dar comida, me acerqué a ellos cuando sentí un dolor punzante en el cuello y terminé en el suelo, mis hijos corrieron a mi cuerpo, el elefante apuntaba a nosotros y terminó con nuestra hambre.   
                                             

martes, 5 de febrero de 2013

Parece que dura para siempre. 


Ante él, las palabras no sirven, espero sentada, la luz de la capilla es originada por las luciérnagas. En mis manos sostengo un peine de madera, fue tallado por mis ancestros, peino mi pelo con las dos manos, sin ensuciar el kimono. Cuando termino de peinarme en mis manos queda agua, el agua es la conexión del cielo con la tierra, la tierra esta viendo como sus hijos salen a la guerra, las esposas y los niños tienen que trabajar, no todos pueden cumplir la misión, uno por uno de los hijos de la tierra es arrojado al mar, donde la princesa lloró 1000 años para cubrir la tierra, creando las islas, creando al hombre. El cielo es eterno y la tierra, permanente, se acerca el invierno, los preparativos comienzan, las familias preparan arroz, me dispongo a salir, manchare la tierra con mis lagrimas y limpiare el cielo con mi aliento, sutil, encuentro un hombre lo abrazo y ante a mi sus palabras no sirven.
Mañana Llegamos. Te regalaré un abismo, dijo ella, Pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás Cuando hayan pasado muchos años y estés lejos de México y de mí. Cuando más lo necesites lo descubrirás, Y ése no será El final feliz, Pero sí un instante de vacío y de felicidad. Y tal vez entonces te acuerdes de mí, Aunque no mucho. Los perros románticos - Roberto Bolaño.
-¡Roberto! ¿Trajiste las Marraquetas y la carne de chancho?.- -¡Roberto! Despierta son las 9 de la mañana, no es hora de dormir, ayúdame a ver el camino.- Roberto despertó, no tenia cabeza para escuchar, además, las lagañas no le dejaban abrir los ojos. León seguía moviendo el brazo del niño para que le diera la marraqueta con la carne de chancho. -¡Pá! no encuentro nada- -Ándele siga buscando, no quiero llegar a Los Ángeles sin comida en la panza- El niño encontró en la cajuela el pan y unos guantes de cuero para boxear, estaban manchados de aceite, uno no tenia las cuerdas para amarrar en la muñeca, los sacó y los dejó en sus piernas. Encontró la comida y se la dio a su padre. -Ves como sí estaba la comida. Llegaremos a Serena en la noche y pasaremos a Los Ángeles para comprar un poco de comida- Al niño no le gustaba parar para comprar comida, sentía que bajaba de un barco a tierra firme, su papá vio que tenia los guantes de box en las piernas. -¡Ja! con que los tenía en la cajuela, a ver Roberto ponte uno de los guantes vamos a hacerte hombrecito- El papá se puso uno de los guantes con una sola mano, con la otra seguía manejando el camión, el niño se puso el guante que tenía la cuerda, le quedaba muy grande, apena podía cerrar la mano. -¿Oye Roberto? Si tú me ganas ahorita que nos demos de mapes, me podrás hacer cual quiere pregunta y te la responderé, y si yo te gano no te dormirás hasta llegar a Serena. El niño lo pensó y se preocupó más por la pregunta que le podría hacer a su padre, que por los mapes recibidos. Con la otra mano se rascó la cabeza para poder formular su pregunta, no tardó más de un minuto y movió la cabeza para decirle que si. Su padre sonrió y movió rápidamente la cabeza para no perder de vista la carretera, siguió sonriendo. -Vale ya estamos, serán dos de tres, tú puedes usar las dos manos, no tienes que dejarte pegar en la cara, si yo te pego en la cara gano el asalto, comenzamos cuando suene el silbato del camión.- El papá tomó el volante con la mano del guante y con la otra tiro del silbato. Ésta era la primera pelea de Roberto. Él rápidamente se cubrió la cara, y el papá tenia aún la mano en el volante, lo soltó y le pegó en el estómago al niño. Roberto se dolió y se descubrió la cara, el papá le pegó rápidamente en el rostro, a Roberto le lloró un ojo, en este momento quería llorar, su padre empezó a reír y le dijo: -No aguantas nada- Roberto frunció el seño y le pegó en la barbilla, su papá que estaba riendo se mordió la lengua y sangró, se vio la boca en el espejo retrovisor y vio sus dientes amarillos como empezaban a mancharse de sangre. León sintió furia y le salió por el brazo para terminar en la cara de Roberto. Con ese golpe intentó darle fin a la pelea. Regresó la mano del guante al volante del camión y siguió manejando sin verlo. A Roberto le dolía mucho la cara, tenía una extraña sensación en la nariz, respiraba con dolor, se tocó la nariz con la mano que no tenía el guante y vio en sus dedos sangre. Cerró su puño y con la furia de su padre le devolvió el golpe, le golpeó directamente en la cien, el camión empezó a fallar y se detuvo, se había averiado la bomba inyectora. -Puta madre que problema. Bajaron del camión los dos, León se tocaba la cabeza para quitarse el dolor. Después de una hora pasó un amigo de León en su coche y le pido de favor que llamara a un mecánico. El amigo se fue y empezó a dormir el día. Roberto le pregunto a su papá. -¿Dónde estamos?- y le respondió. -No se.- Subieron al camión y Roberto durmió en los brazos de su padre.
2% Dos días después de lo sucedido, fui al hospital con la madre de Marc para ver el cuerpo de su hijo. Ella abrió la puerta con un pequeño empujón, entré detrás de ella, yo llevaba puesto el suéter que Marc olvidó en su departamento. Entramos y estaban a la vista las dos camas, en ellas estaban Marc y Eddy, el cuarto de hospital tenía una gran ventana hacia la calle, de todas maneras el día había amanecido con neblina. Su madre tomó una silla para sentarse en medio de los dos, yo no quería ver la escena, intenté ver la tele, sólo sintonizaba programas de farándula. -Oye hija, mejor apaga la tele, solamente me despediré- -Si señora- respondí asustada, ella no me había dirigido la palabra. Salimos rápidamente del cuarto, una enfermera nos esperaba con una tabla con los papeles de los gastos funerarios. Caminé y tome asiento en el lobby, ella tardó muy poco con los papeles, Marc se había encargado previamente de ello. -Hija, cuéntame ¿cómo conociste a mi hijo?- Yo no quería verla a la cara, veía sus manos, una encima de la otra, no se movían. -Soy psicóloga con especialidad en terapia de lenguaje, conocí a su hijo en una brigada de ayuda humanitaria en Tesalónica, él era uno de los interpretes de lenguaje de signos, conformábamos un equipo. Teníamos a nuestro resguardo a los niños con capacidades diferentes, yo me encargaba de un grupo y el de los niños sordos y ciegos, les enseñábamos a leer señalamientos internacionales y a los niños ciegos les enseñábamos lenguaje braille. Ese fue el trabajo que realizábamos, era muy complicado por que yo sabía muy poco griego, él la hablaba muy bien. Recuerdo que un día me enseñó su gusto por la cultura griega, decía que la historia de Apolo y Artemisa le marcó cuando estudiaba la universidad. Apolo dios de la música y poesía y Artemisa diosa de la caza y protectora de las fieras, me contó también que tenía un hermano biólogo e investigador. Después de la ayuda humanitaria me invito a Bélgica donde vivía con su hermano, estuve con ellos dos meses, recuerdo que fuimos un día al cine para ver una película de su director favorito, vimos “El Prado en Llanto” de Theo Angelopoulos. Me tomó la mano toda la función, después de que se prendieron las luces del cine, el apretó fuerte mi mano y me dijo con miedo que no podía ver nada. Fuimos al hospital, el doctor nos explicó que tenía una enfermedad degenerativa en los ojos, salió el doctor del consultorio y nos dejó solos un momento. Le pregunté a Marc como estaba, guardó silencio unos minutos y después dijo “yo sabia que tenía ésta enfermedad, lo supe cuando tenia 8 años, mi madre le comentó a mi padre y él se fue de la casa. Poco a poco nuestra madre nos cuidó, nos pagó varias operaciones de los ojos a mi hermano y a mi, me imagino que pronto le sucederá lo mismo a él que a mi”. Días después su hermano se quedó ciego cuando despertó una mañana en el departamento que compartían. Tuvo que buscar ayuda con su vecino, el vecino se comunicó conmigo para que se pudiera atender en el mismo hospital que Marc. Yo miraba la ventana casi todos los días que iba a visitarlos, Marc me decía que la dejara abierta para que pudiera sentir el sol y saber si era de día. Pasaron los días y el doctor me explicó que era irreparable la ceguera de los dos, también me dijo que se podría complicar y les podría afectar la memoria. Hablé con Marc y Eddy y les dije que posiblemente perderían su memoria, se quedaron callados, pude sentir que en ellos se rompió algo. Marc me dijo que los dejara solos, una hora después me llamaron. Me explicaron su decisión, empezó Marc “no queremos perder el contacto de nosotros, nunca nos hemos separado mas de 6 meses”, prosiguió Eddy “decidimos aplicarnos eutanasia al mismo tiempo, para mi es ya difícil no ver a mi hermano y no podría vivir tranquilo sin saber que él existe”. Me tapé la boca y lloré en silencio. No pasó mas de una semana y Marc arregló todos los papeles, recuerdo que después de hablar con el abogado el pidió que me acercara, me aproximé a la orilla de la cama, el extendió su mano y me toco la boca, después el recitó el capitulo numero 7 de “Rayuela” de Julio Cortázar: Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano… Dos días después los doctores aplicaron la eutanasia, yo no quise estar en el hospital, estaba en una silla del parque intentando de terminar de leer Cartas de amor de la Monja Portuguesa.