martes, 5 de febrero de 2013

Mañana Llegamos. Te regalaré un abismo, dijo ella, Pero de tan sutil manera que sólo lo percibirás Cuando hayan pasado muchos años y estés lejos de México y de mí. Cuando más lo necesites lo descubrirás, Y ése no será El final feliz, Pero sí un instante de vacío y de felicidad. Y tal vez entonces te acuerdes de mí, Aunque no mucho. Los perros románticos - Roberto Bolaño.
-¡Roberto! ¿Trajiste las Marraquetas y la carne de chancho?.- -¡Roberto! Despierta son las 9 de la mañana, no es hora de dormir, ayúdame a ver el camino.- Roberto despertó, no tenia cabeza para escuchar, además, las lagañas no le dejaban abrir los ojos. León seguía moviendo el brazo del niño para que le diera la marraqueta con la carne de chancho. -¡Pá! no encuentro nada- -Ándele siga buscando, no quiero llegar a Los Ángeles sin comida en la panza- El niño encontró en la cajuela el pan y unos guantes de cuero para boxear, estaban manchados de aceite, uno no tenia las cuerdas para amarrar en la muñeca, los sacó y los dejó en sus piernas. Encontró la comida y se la dio a su padre. -Ves como sí estaba la comida. Llegaremos a Serena en la noche y pasaremos a Los Ángeles para comprar un poco de comida- Al niño no le gustaba parar para comprar comida, sentía que bajaba de un barco a tierra firme, su papá vio que tenia los guantes de box en las piernas. -¡Ja! con que los tenía en la cajuela, a ver Roberto ponte uno de los guantes vamos a hacerte hombrecito- El papá se puso uno de los guantes con una sola mano, con la otra seguía manejando el camión, el niño se puso el guante que tenía la cuerda, le quedaba muy grande, apena podía cerrar la mano. -¿Oye Roberto? Si tú me ganas ahorita que nos demos de mapes, me podrás hacer cual quiere pregunta y te la responderé, y si yo te gano no te dormirás hasta llegar a Serena. El niño lo pensó y se preocupó más por la pregunta que le podría hacer a su padre, que por los mapes recibidos. Con la otra mano se rascó la cabeza para poder formular su pregunta, no tardó más de un minuto y movió la cabeza para decirle que si. Su padre sonrió y movió rápidamente la cabeza para no perder de vista la carretera, siguió sonriendo. -Vale ya estamos, serán dos de tres, tú puedes usar las dos manos, no tienes que dejarte pegar en la cara, si yo te pego en la cara gano el asalto, comenzamos cuando suene el silbato del camión.- El papá tomó el volante con la mano del guante y con la otra tiro del silbato. Ésta era la primera pelea de Roberto. Él rápidamente se cubrió la cara, y el papá tenia aún la mano en el volante, lo soltó y le pegó en el estómago al niño. Roberto se dolió y se descubrió la cara, el papá le pegó rápidamente en el rostro, a Roberto le lloró un ojo, en este momento quería llorar, su padre empezó a reír y le dijo: -No aguantas nada- Roberto frunció el seño y le pegó en la barbilla, su papá que estaba riendo se mordió la lengua y sangró, se vio la boca en el espejo retrovisor y vio sus dientes amarillos como empezaban a mancharse de sangre. León sintió furia y le salió por el brazo para terminar en la cara de Roberto. Con ese golpe intentó darle fin a la pelea. Regresó la mano del guante al volante del camión y siguió manejando sin verlo. A Roberto le dolía mucho la cara, tenía una extraña sensación en la nariz, respiraba con dolor, se tocó la nariz con la mano que no tenía el guante y vio en sus dedos sangre. Cerró su puño y con la furia de su padre le devolvió el golpe, le golpeó directamente en la cien, el camión empezó a fallar y se detuvo, se había averiado la bomba inyectora. -Puta madre que problema. Bajaron del camión los dos, León se tocaba la cabeza para quitarse el dolor. Después de una hora pasó un amigo de León en su coche y le pido de favor que llamara a un mecánico. El amigo se fue y empezó a dormir el día. Roberto le pregunto a su papá. -¿Dónde estamos?- y le respondió. -No se.- Subieron al camión y Roberto durmió en los brazos de su padre.

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