Las Manos de la Victoria.
Después de que pasaron los pájaros de metal, caminamos en
Bagdad, mi pareja buscaba alimento en la ciudad de los humanos. Hemos vivido
durante 4 años juntos, al segundo año ella estaba preñada y dio a luz a dos
cachorros, los llamamos Ezequiel y Oseas. Los humanos pasaban frente a nuestro
hogar, se emocionaban cuando nos veían tomar el sol o cuando Ezequiel tiraba de
la cola a Oseas. Pasó el tiempo y los humanos dejaron de pasar, y llego el día en
que los pájaros de metal crearon caos y destrucción en la ciudad. Mi padre sabía
el nombre de la ciudad: “Bagdad”, me explicó su significado, “bag” significa Dios y “dad” significa donado, y se traduce
como “donado por Dios”. Ese día los humanos no nos alimentaron, pasaron varios días,
hasta que decidimos salir de nuestro hogar, caminamos donde había humo negro,
pensábamos que en ese lugar habría humanos o alimento. Decidí con mi pareja que
nos separaríamos, ella buscaría alimento y yo con Ezequiel y Oseas buscaríamos
agua, caminé con mis hijos, hasta llegar a una piedra, debajo de ésta había
agua, mis hijos corrieron para beberla, yo contemplaba la piedra, tenía una
figura parecida a mi, solamente que tenía alas. Me dirigí a mis hijos, cuando
una vibración en el suelo, me llamó la atención, un objeto de la forma de un
elefante se acercaba rápidamente, dos humanos salieron de su cabeza, yo
esperaba que ellos nos podrían dar comida, me acerqué a ellos cuando sentí un
dolor punzante en el cuello y terminé en el suelo, mis hijos corrieron a mi
cuerpo, el elefante apuntaba a nosotros y terminó con nuestra hambre.
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