martes, 5 de febrero de 2013

2% Dos días después de lo sucedido, fui al hospital con la madre de Marc para ver el cuerpo de su hijo. Ella abrió la puerta con un pequeño empujón, entré detrás de ella, yo llevaba puesto el suéter que Marc olvidó en su departamento. Entramos y estaban a la vista las dos camas, en ellas estaban Marc y Eddy, el cuarto de hospital tenía una gran ventana hacia la calle, de todas maneras el día había amanecido con neblina. Su madre tomó una silla para sentarse en medio de los dos, yo no quería ver la escena, intenté ver la tele, sólo sintonizaba programas de farándula. -Oye hija, mejor apaga la tele, solamente me despediré- -Si señora- respondí asustada, ella no me había dirigido la palabra. Salimos rápidamente del cuarto, una enfermera nos esperaba con una tabla con los papeles de los gastos funerarios. Caminé y tome asiento en el lobby, ella tardó muy poco con los papeles, Marc se había encargado previamente de ello. -Hija, cuéntame ¿cómo conociste a mi hijo?- Yo no quería verla a la cara, veía sus manos, una encima de la otra, no se movían. -Soy psicóloga con especialidad en terapia de lenguaje, conocí a su hijo en una brigada de ayuda humanitaria en Tesalónica, él era uno de los interpretes de lenguaje de signos, conformábamos un equipo. Teníamos a nuestro resguardo a los niños con capacidades diferentes, yo me encargaba de un grupo y el de los niños sordos y ciegos, les enseñábamos a leer señalamientos internacionales y a los niños ciegos les enseñábamos lenguaje braille. Ese fue el trabajo que realizábamos, era muy complicado por que yo sabía muy poco griego, él la hablaba muy bien. Recuerdo que un día me enseñó su gusto por la cultura griega, decía que la historia de Apolo y Artemisa le marcó cuando estudiaba la universidad. Apolo dios de la música y poesía y Artemisa diosa de la caza y protectora de las fieras, me contó también que tenía un hermano biólogo e investigador. Después de la ayuda humanitaria me invito a Bélgica donde vivía con su hermano, estuve con ellos dos meses, recuerdo que fuimos un día al cine para ver una película de su director favorito, vimos “El Prado en Llanto” de Theo Angelopoulos. Me tomó la mano toda la función, después de que se prendieron las luces del cine, el apretó fuerte mi mano y me dijo con miedo que no podía ver nada. Fuimos al hospital, el doctor nos explicó que tenía una enfermedad degenerativa en los ojos, salió el doctor del consultorio y nos dejó solos un momento. Le pregunté a Marc como estaba, guardó silencio unos minutos y después dijo “yo sabia que tenía ésta enfermedad, lo supe cuando tenia 8 años, mi madre le comentó a mi padre y él se fue de la casa. Poco a poco nuestra madre nos cuidó, nos pagó varias operaciones de los ojos a mi hermano y a mi, me imagino que pronto le sucederá lo mismo a él que a mi”. Días después su hermano se quedó ciego cuando despertó una mañana en el departamento que compartían. Tuvo que buscar ayuda con su vecino, el vecino se comunicó conmigo para que se pudiera atender en el mismo hospital que Marc. Yo miraba la ventana casi todos los días que iba a visitarlos, Marc me decía que la dejara abierta para que pudiera sentir el sol y saber si era de día. Pasaron los días y el doctor me explicó que era irreparable la ceguera de los dos, también me dijo que se podría complicar y les podría afectar la memoria. Hablé con Marc y Eddy y les dije que posiblemente perderían su memoria, se quedaron callados, pude sentir que en ellos se rompió algo. Marc me dijo que los dejara solos, una hora después me llamaron. Me explicaron su decisión, empezó Marc “no queremos perder el contacto de nosotros, nunca nos hemos separado mas de 6 meses”, prosiguió Eddy “decidimos aplicarnos eutanasia al mismo tiempo, para mi es ya difícil no ver a mi hermano y no podría vivir tranquilo sin saber que él existe”. Me tapé la boca y lloré en silencio. No pasó mas de una semana y Marc arregló todos los papeles, recuerdo que después de hablar con el abogado el pidió que me acercara, me aproximé a la orilla de la cama, el extendió su mano y me toco la boca, después el recitó el capitulo numero 7 de “Rayuela” de Julio Cortázar: Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano… Dos días después los doctores aplicaron la eutanasia, yo no quise estar en el hospital, estaba en una silla del parque intentando de terminar de leer Cartas de amor de la Monja Portuguesa.

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